Quizás veinte años pueden cambiar muchas cosas , pero otras, se mantienen absolutamente intactas .
 
El regresar a Buenos Aires entrelaza lo nuevo con lo antiguo , los edificios están más altos, el gentío viste diferente , pero el olor a perfume costoso , el ruido de las voces porteñas , estruendosas, soberbias y superpuestas la una encima de la otra, hacen que el paisaje retroceda con naturalidad.
 
La noche se envuelve de tangos, innumerables boliches abriendo sus puertas, restoranes emanando vapores de res y librerías que no callan hasta muy entrada la madrugada.
 
Entro en un bar y tomo asiento en la barra. El cantinero de inmediato se presenta y hace gala de toda su verborrea. El trago se desliza por la garganta haciendo recordar ciertas noches vividas en esta tierra
Mientras me veo en el espejo con el tiempo cargado encima, una muchacha de cabello negro , largo mucho más allá de los hombros, de ojos verdes y de sensuales muecas en los labios , se sienta a mi costado.
 
-  Y... ¿te gustaría pasar la noche conmigo?. Dijo con una seguridad que se amparaba en su irremediable belleza.
-  Eres una mujer muy bonita , pero no ando en busca de eso.
-  ¡Que lástima lo habríamos pasado re´bien! ¿ Vos sos chileno?
-  Sí , soy de Santiago.
-  ¡Ay  pero que lindo! , ¡ los chilenos son muy tiernos!
- Gracias .  ¿Por qué no te quedas conversando conmigo?
-  A pesar que me caíste re´bien  no puedo,  en esto... el dinero manda
- Quédate , aunque sea unos minutos , si quieres al final de la conversación  puedo pagar por el tiempo que perdiste conmigo.
-  Acepto, pero no sólo por la necesidad de dinero que tengo, ya que pienso que en esta conversación voy a estar muy bien acompañada .
 
      Era una mujer, más bien una niña con sueños aporreándose desde un noveno piso y lo peor de todo con la capacidad de concretarlos en el momento que algo le abriera la posibilidad. Hablaba sin parar de lo uno y de lo otro, se veía desenvuelta, libre , digna de ganar algo de dinero sin vender su cuerpo. En cada palabra,  mirada , gesto que hacia , se acercaba más al recuerdo de Laura . Un amor que tuve en Córdoba, de esas pasiones que se desarrollan y mueren en pocas semanas pero que jamás podrían olvidarse.
 
-  Y ...es re´ tarde che, debo regresar a la pensión en donde vivo. Dijo mientras veía su reloj sorprendida como había avanzado la noche
-  Pero podrías quedarte un rato más... o podríamos ir a un hotel a pasar la noche, claro que separados ...no no creas otra cosa.
-  La verdad es que te habría dicho que bueno, pero mañana tengo un viaje largo hacia el norte.
 
 No sé porque la conversación terminó de manera tan rápida.
 
            En el momento que saqué la billetera para pagarle, me detuvo las manos en forma suave pero decidida.
 
-   No ...no... dejalo así, fue una charla re´linda como para mancharla con dinero
-  Bueno...pero...¿nos volveremos a ver o…?. Le dije un tanto sorprendido por la brusquedad con la que había finalizado nuestro encuentro.
 
           Sin decir nada más, se despidió con un beso en la mejilla y con una extensa caricia que recorrió desde mis hombros hasta el último de mis dedos. Mientras su silueta perdía nitidez en medio del humo, la imagen de Laura se incrustó en medio de mis ojos
 
-  Norte ...dijo el norte... nooo ...no creo , estoy seguro que Laura me lo habría dicho... estoy seguro
   

                                             
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